Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de muchos niños y adolescentes. Son utilizadas para comunicarse, entretenerse, aprender y encontrar comunidades con intereses similares. Sin embargo, su relación con el bienestar emocional es compleja y continúa siendo estudiada por investigadores y profesionales de la salud.
Johns Hopkins Medicine señala que las redes sociales pueden tener efectos positivos y negativos en niños y adolescentes. Por un lado, pueden facilitar el acceso a información, permitir que los jóvenes se expresen y ayudarles a conectar con otras personas. De hecho, algunas investigaciones citadas por Johns Hopkins muestran que muchos adolescentes consideran que las redes sociales les ayudan a sentirse conectados con sus compañeros.
Al mismo tiempo, existen asociaciones entre determinados patrones de uso de redes sociales y problemas relacionados con el bienestar emocional. Johns Hopkins señala que el uso frecuente puede estar relacionado con comportamientos como el aislamiento social, la comparación constante con otras personas y determinados síntomas depresivos. Sin embargo, es importante señalar que una asociación no demuestra por sí misma que las redes sociales sean la causa directa de estos problemas.
Por esta razón, más que considerar las redes sociales simplemente como algo positivo o negativo, resulta importante observar cómo, cuánto y para qué las utiliza cada joven.
La comparación social es uno de los aspectos que merece especial atención. Las imágenes y publicaciones que aparecen en internet suelen mostrar solamente una parte de la vida de las personas. Cuando un adolescente compara su vida cotidiana con una versión cuidadosamente seleccionada de la vida de otros, puede desarrollar expectativas poco realistas sobre su apariencia, relaciones, experiencias o éxito.
Los padres pueden ayudar estableciendo conversaciones abiertas sobre el uso de la tecnología. Johns Hopkins recomienda establecer límites saludables, crear momentos y espacios sin teléfonos, desactivar notificaciones cuando sea necesario y, especialmente, que los adultos modelen hábitos digitales saludables.
El objetivo no debería ser únicamente reducir el tiempo frente a una pantalla. También es importante ayudar a los jóvenes a desarrollar criterio para reconocer qué contenido consumen, cómo les hace sentir y cuándo es necesario tomar distancia.
El bienestar digital forma parte del desarrollo integral. Así como enseñamos a los niños a cuidar su alimentación, descansar y relacionarse de manera saludable, también podemos enseñarles a construir una relación equilibrada con la tecnología.
Para INTANGY, esto representa una oportunidad para fortalecer habilidades socioemocionales que permitan a niños y adolescentes desenvolverse en un entorno digital sin perder de vista su bienestar, sus relaciones y su desarrollo personal.
Fuente: Johns Hopkins Medicine — Social Media and Mental Health in Children and Teens
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